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Historias de vanguardia: Cómo una mente inquieta encontró su especialidad en Koch-Glitsch

March 3, 2021

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Pedro Osornio es un inventor innato. Una vez, cuando era niño, desmontó una radio, hurgó entre los cables y los circuitos, y volvió a montarla. Unos años después, él y su hermano construyeron una cocina de gas natural para el restaurante de su familia.

“Descubrimos solos cómo fluía el gas y todo lo demás”, dice Pedro. “Siempre me ha gustado saber cómo funciona todo y encontrar una forma mejor de hacer las cosas.”

Desde entonces han pasado casi tres décadas, pero el potencial en bruto de Pedro para la ingeniería y su sed de conocimientos están dando sus frutos. Hace poco, empezó en un nuevo empleo como programador de máquinas de alta tecnología de corte por láser en Koch-Glitsch, la empresa de Koch que construye componentes internos para grandes torres de destilación usadas por las refinerías de petróleo y los productores petroquímicos para destilar y separar productos derivados del petróleo.

Y, a solo unos metros de donde se sienta hoy, están las escaleras y ascensores que solía barrer como miembro del equipo de limpieza.

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Aunque puede que la trayectoria profesional de Pedro sea única, no fue la suerte la que lo impulsó del turno nocturno de limpieza a un puesto altamente cualificado en una industria que evoluciona rápidamente. Para esta transformación hizo falta curiosidad, energía y la iniciativa de buscar nuevas oportunidades y aprender sobre tecnología proactivamente. 

Su largo viaje empezó en México, donde el padre de Pedro quería que se hiciera pastor. “Me crié en una granja, y mi padre quería que me dedicara a criar ovejas”, dijo. Pero el joven Pedro, fascinado por los coches y los aparatos, no se veía gestionando ganado o dedicándose al cultivo. En lugar de eso, desmontó la máquina que usaba su madre para desgranar el maíz y la volvió a montar. En el fondo, sabía que había nacido para otra cosa. “Recuerdo que sentía que ese no era mi sitio… Era como una llamada.”

Años más tarde, Pedro fue a parar a Wichita, Kansas, y logró conseguir un trabajo barriendo las escaleras y los ascensores de la sede de Koch. Allí pasaba largas horas de madrugada, normalmente entre las 6:00 de la tarde a las 2:00 de la mañana, pero Pedro no se quejaba. Siempre estaba dando vueltas a la forma de hacer mejor su trabajo, y también a qué tenía que aprender para conseguir un trabajo diferente. Trabajar en el turno de noche le permitió dar el primer paso hacia un nuevo sueño.

“Al principio fue duro”, dijo. “Sentí el choque cultural durante aproximadamente cinco meses; entonces empecé a hacer cosas por mí mismo, a comunicarme, a manejar por ahí yo solo, y conseguí un empleo… Y tener esa sensación de éxito”.

Frustrado por su incapacidad para comunicarse, se apuntó a clases de inglés. Su turno solo le dejaba unas pocas horas para dormir por las mañanas, pero el sacrificio valía la pena.

La búsqueda constante de conocimientos cuadra con la naturaleza curiosa de Pedro. Es precisamente eso lo que lo lleva a aprender nuevas aptitudes, ya sea inglés o un lenguaje de programación.

Pedro tiene su propia filosofía sobre el crecimiento personal: “Si aprendes algo nuevo hoy, ya no eres la misma persona que ayer."  

Pasaron quince años y Pedro echó raíces en Wichita. Se enamoró y tuvo una hija. Y ya había dejado la limpieza cuando descubrió que tenía talento para una aptitud muy concreta: el corte por láser, o el uso de un rayo de alta energía para cortar con precisión materiales densos, como placas de acero.

Entonces, un amigo que trabajaba en Koch-Glitsch le dio buenas noticias: en la empresa había una vacante para un operario de máquinas. Sabía por su experiencia previa que ahí es donde quería estar y que eso era lo que quería hacer. “Entré en la página de Koch, busqué la oferta de empleo y presenté una solicitud.”

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Pedro consiguió el empleo. Recuerda que sus primeras semanas fueron un poco abrumadoras, porque tuvo que desenvolverse en un nuevo ambiente y aprender muchas cosas nuevas. En Koch-Glitsch, el corte por láser es algo muy serio, y es necesario exigir precisión para crear los equipos de transferencia de masa y de separaciones en que los clientes confían dentro de las industrias de refinería, química, petroquímica y procesamiento de gasolina.

“Es muy probable que la gasolina de tu coche haya tocado nuestros equipos”, explica Jake Johnson, el responsable de ingeniería de manufactura de Koch-Glitsch y supervisor de Pedro.

Como Pedro cuando empezó el trabajo, la industria del corte de metales estaba en plena transformación, pasando de los antiguos láseres de dióxido de carbono a altas tecnologías de fibra óptica. “Trabajaba con máquinas que tenían 20 años y a la vez me estaba formando en la nueva tecnología”, dice. “Fue una forma extraordinaria de introducirme en el corte y la programación”.

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Al principio estaba nervioso por su nuevo puesto. “Tenía mucho miedo, porque no quería cometer errores”, dice. Mientras intentaba controlar sus nervios, también debía ser una esponja, porque le bombardeaban con información. “Papeleo, código, materiales, plantillas… Tuve que aprenderlo todo”.

Pero su naturaleza curiosa acabó siendo su mayor ventaja. Al cabo de poco ya sabía cómo operar su máquina con eficacia. Pedro observó a sus compañeros y supervisores mientras trabajaban en la línea de producción, apuntando lo que iba aprendiendo en notas adhesivas. Estas indicaciones fueron acumulándose en su espacio de trabajo, y ahora se las pasa a otros operarios. También aprendió G-code, el lenguaje numérico que se usa para decir a las herramientas mecánicas informatizadas cómo fabricar algo.

Todo esto le ayudó a conocer mejor las fuerzas que dan forma a los lugares de trabajo modernos: un software potente, procesos automatizados y máquinas brillantes. Y, entonces, se dio cuenta de algo: con las nuevas tecnologías, que crean nuevas oportunidades constantemente, era posible que su puesto de operario desapareciera.

“Tengo que reinventarme y buscar otro oficio."

La oportunidad de Pedro para cambiar de puesto se presentó cuando el departamento de programación necesitó un programador de maquinaria capacitado para las nuevas máquinas de corte por láser. Era como si el puesto llevara su nombre escrito, pero Pedro no quiso ser autocomplaciente. “Fui a casa y preparé un currículo”, recuerda. Clavó la entrevista y consiguió el trabajo. 

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Ahora Pedro lleva un año en su nuevo puesto, que implica trabajar con diseños 3D de partes internas de torres diseñadas bajo demanda, así como con programación avanzada con G-code. Una de sus funciones principales es la integración de piezas metálicas —el proceso de disponer las plantillas de corte para minimizar el desperdicio de material— y la programación de las máquinas para cortar, perforar o conformar el acero según el diseño de integración.

Jake cuenta que Pedro aprendió a programar las máquinas de corte por láser con la máquina que operaba en el área de producción. “Nos gusta que la gente empiece usando las máquinas en las que trabajan”, dice. “Pedro trabajó con el láser durante años, y ahora está aprendiendo a programarlo”. 

Para Pedro, ganar confianza a la hora de programar los equipos ha supuesto trabajo y un proceso de autoconocimiento. “Al principio estaba fuera de mi elemento”, dice. En cierto modo, seguía viéndose como un operario. Nunca había imaginado trabajar como programador. 

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Por suerte, sus compañeros se han convertido en su sistema de apoyo, y en sus amigos. Pedro suelta una retahíla de nombres: “Brian, Jerry, Tom, Yusuf… He podido contar con todos ellos”. Y no solo le apoyan, también confían en él. Esto quedó claro cuando en dirección le pidieron que enseñara a sus compañeros operarios cómo usar la máquina de corte por láser de un modo seguro y productivo. El alumno se había convertido en maestro. Y su nuevo puesto le ha dado un sentido inmenso de orgullo y satisfacción.

“Me gusta mi trabajo," dice. “Me gusta el reto que supone. Por primera vez, me encantan los lunes."